Velocidad, Café y Contracultura: La historia del CafeRacer (parte II)

LOS TON-UP BOYS – Los chicos de las 100 millas –

Los corredores de cafeterías eran conocidos a veces como los «Leather boys» (chicos de cuero) y a veces como los CafeRacers. Pero solo un grupo exclusivo, una subcultura dentro de una subcultura, podría llamarse a sí mismos «Ton-Up Boys». Se llamaban así por «doing the ton” o “tonning up” que en su propia jerga se referían a alcanzar 100 mph a lomo de sus hierros. El rock and roll también jugó un papel importante en esto, con piques y carreras improvisadas que utilizan canciones en la máquina de discos del Ace Café como temporizadores. Poner una canción en la gramola, conducir a tumba abierta a través de los puentes del ferrocarril hasta la rotonda más cercana y volver antes de que termine. No había nada sencillo en ello teniendo en cuenta que la mayoría de los singles de esa época no duraban más de dos minutos.

100 millas por hora. La marca mítica.

Alcanzar esa velocidad mítica en una motocicleta, ya fuese en una Triumph, una Vincent, una Norton, una Royal Enfield o en la falsificación más común en aquellos tiempos, La TRITON,  se podría comparar a cuando el piloto americano Chuck Yeage superó la velocidad del sonido por primera vez en la historia.

Cuando uno de estos chicos superaba las 100 millas por hora conduciendo un engendro mecánico como la TRITON, para ellos suponía un hito igual de difícil. El que lo conseguía era considerado un TON-UP BOY y entraba a formar parte de ese exclusivo club.

Como consecuencia todos empezaron a transformar sus motos, cortando, aligerando, ganando aerodinámica, retirando o añadiendo aquello que suponía una pérdida o ganancia en velocidad. Todo por la velocidad. Todo con tal de alcanzar la mítica cifra de las 100 mph. La ambición de estos jóvenes por mejorar su motos supone el verdadero inicio de la personalización y customización.

Afortunadamente, en la década de 1960, la industria británica de la motocicleta todavía estaba viva y coleando. En consecuencia, hubo una gran cantidad de piezas de recambio para que los CafeRacers pudieran elegir y transformar su motos.

TRANSFORMAR Y MODIFICAR

Nunca ha habido realmente «puristas del CafeRacer». La alteración y transformación ha sido parte de esta cultura desde la primera carrera por las calles de Watford. Está en su ADN.

Es cierto que preferían un estilo sencillo, alejado de motos más potentes pero nunca se opusieron a cambiar las especificaciones de fábrica. La búsqueda de los Rockers inspiró a los Ton Up Boys a abrir sus máquinas y tener sus herramientas siempre alrededor, siempre a mano, viendo cómo podrían aumentar la potencia de sus hierros.

Algunas características que se adoptaron para hacer de una moto, una CafeRacer, incluían un tanque de combustible alargado (similar a los corredores del Grand Prix de la década de 1960), a menudo con depresiones cóncavas para permitir que las rodillas del piloto se agarren al tanque. Los semimanillares para «meterse», o acostarse casi en el tanque y así ofrecer una menor resistencia al viento. Una verdadera CafeRacer a menudo tenía reposapiés atrasados, lo cual era nuevamente típico de las motocicletas de carreras de esa época.

En definitiva estaban creando y asentado, sin querer, las bases estéticas que definen lo que hoy conocemos como CafeRacer. Y es así como debemos conservarlo.

TRITON: LA PRIMERA CAFERACER

Las motocicletas Triton no fueron fabricadas por una compañía llamada «Triton». No eran modelos de fábrica, sino híbridos caseros de Triumph y Norton (TRIumph + norTON) Estaban compuestos por un motor Triumph generalmente proveniente de una T120 R y un chasis Norton. En ese momento, el cuadro Norton Featherbed era considerado el mejor cuadro del mercado, mientras que los motores de las Triumph Bonneville estaban a otro nivel. Esos motores twin paralelos, con carburadores dobles y doble árbol de levas hacían volar a las Triton.

La Triton no fue la única combinación existente en esa época. Si tu presupuesto era algo más limitado podrías montarte una TRIBSA, una amalgama que mantenía el motor Triumph montado en el cuadro de una B.S.A. También existieron las NORVIN, una Norton junto a una Vincent. Pero ninguna estaba al nivel de las TRITON, la reina de las híbridas y primera CafeRacer auténtica.

TRITON : motor Triumph y chasis Norton
TRIBSA: motor Triumph y chasis BSA
NORVIN: motor Norton y chasis Vincent
Triton 500 propiedad de Richard Hammond

DE LA SUBCULTURA AL PRODUCTO DE MASAS

Cuando llegaron los 70, la segunda fase del CafeRacer también lo hizo. Esta época la marca la entrada de los grandes fabricantes, una tendencia que ha continuado hasta nuestros días. Algunos de los fabricantes de motocicletas más reconocidos comenzaron a producir modelos de estilo CafeRacer. Las empresas italianas Ducati, Moto Guzzi y Laverda, así como Harley Davidson e incluso algunas compañías japonesas como Yamaha y Kawasaki. Benelli, BMW, Bultaco y Derbi lanzaron todas variantes de «CafeRacer» bajando los manillares y añadiendo un carenado. La Moto Guzzi Le Mans y la Harley-Davidson XLCR se convirtieron en modelos bases para el «cafeteo».

Así mimo con frecuencia los constructores comenzaron a usar las motos Kawasaki y Honda como base para las construcciones personalizadas. A lo largo de los años 70 y 80, las CafeRacer se convirtieron en motos de carretera convencionales y, a menudo, personalizadas, muy alejadas ya de los hierros montados por los chicos del Ton-Up.

Moto Guzzi 850 LeMans de 1976
Harley Davison XLCR de 1977
Norton Comando 750 de 1970

CAFERACER CONTEMPORANEO. LA BASE PERFECTA

El CafeRacer se ha establecido como la categoría prominente y más popular dentro del motociclismo en la actualidad. El auge actual de la moda vintage y lo retro ha servido también de impulso en los últimos años. Pero no es solo el estilo favorito entre los moteros, sino que es el lienzo preferido para los constructores y personalizadores de motos en todo el mundo. Innumerables empresas de personalización producen impresionantes modificaciones de estilo CafeRacer a diario, llevando la tendencia y el estilo un paso más allá si cabe.

De este modo las marcas más prestigiosas han visto esta tendencia del mercado y ya casi todas ellas tienen en producción modelos que dan respuesta a la enorme demanda de este estilo de moto.

BUELL Ronin 47

El CafeRacer se ha convertido ya en una cultura en si mismo y esto es debido a su historia, autenticidad, clase y personalidad. Ya poco queda de aquellos hierros míticos que montaban los chavales de los suburbios londinenses, estrujando sus mecánicas hasta el límite para alcanzar las 100 millas… pero si podemos decir, sin miedo a equivocarnos, que su espíritu inconformista y rebeldía, pero sobre todo el amor por sus motos sigue vivo en todos los que hoy en día vemos en estos Hierros algo más, vemos una moto con alma.

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